En algunas obras del entorno en el que trabjó Anguissola se originó una interesante variación del retrato oficial, que muy probablemente transmitía a las protagonistas y los espectadores de las obras un nivel añadido de información. Son retratos de una reina o una infanta con una pequeña particularidad: todas muestran, en un colgante o entre sus manos. Un retrato en miniatura del rey o de un varón de la familia.

Estos retratos dentro del retrato son medallas, gemas talladas o retratos pintados al óleo sobre cobre o pergamino, denominados entonces “naipes”. Gozaron de gran popularidad entre la nobleza española, Que los utilizaba como regalos en señal de amistad especial y también de amor conyugal o familiar.

En el caso de la princesa Juana de Portugal, son recurrentes los retratos en que aparece con un colgante -bien naipe, bien camafeo- mostrando el rostro de su padre o de su hermano. Según las dotaciones más habituales, la serie comenzaría con el retrato atribuido a Sánchez Coello (Bilbao, Museo de Bellas Artes). Suele datarse hacia 1557, durante su regencia. Su figura enlutada y sobria irradia majestad. De los dos extremos de su toca de viuda cuelga un naipe representando a su hermano Felipe II, ausente en Inglaterra y Flandes desde su boda con María Tudor.

img_1505

 

El siguiente ejemplar, su retrato conservado en Boston (Isabella Stewart Gardner Museum), nos muestra a Juana con un colgante, un camafeo de su padre, Carlos V. Atribuido -una vez más, con dudas- a Anguissola, puede datarse en 1561 o los años siguientes, cuando la infanta ya no es la regente y se dedica por completo a la fundación de las Descalzas Reales de Madrid. En su tumba, en el propio convento, Pompeyo Leónidas también representa con un camafeo colgando en su pecho, esta vez de Felipe II. Una variante son los retratos en los que la princesa sujeta con la mano el colgante. Hay varias copias en las Descalzas Reales de Madrid, cuyo modelo podría ser un retrato de gran calidad, atribuido a Anguissola y vendido en 2011 en Viena.

img_1504

 

El tema se acentúa más si cabe en el retrato de Isabel de Valois sosteniendo un retrato de Felipe II (Madrid, Museo Nacional del Prado), atribuido a Sánchez Coello o a Anguissola. Aquí la presencia del naipe es muy evidente, use la reina lo está sujetando en su mano. No es casualidad que esa misma mano repose en la base de la columna, símbolo habsbúrgico por excelencia.

img_1503

Otro posible origen de la idea la encontramos en un complejo retrato que Catalina de Médicis envió a su hija Isabel de Valois. La mostraba llevando en las manos uno de su difunto marido, Enrique II. Dentro del mismo había también cuatro retratos, de tres hijos y una hija de la reina francesa. La niña, a su vez, tenía un retrato de don Carlos en las manos. No sabemos si esos dos retratos masculinos eran realmente naipes o de un tamaña algo superior, pero en todo caso parece claro que por aquellos años esta particular pose se estaba extendiendo en la corte para representar a mujeres de la familia real.

Esta tradición reaparece en la década de 1580, en la persona de la infanta Isabel Clara Eugenia. Hija mayor y predilecta de Felipe II, en su imagen retoma los modelos de su madre, Isabel de Valois, y su tía, Juana de Portugal, que ejerció una gran influencia en ella. En su retrato de 1587 por Blas de Prado, la infanta sostiene en su mano derecha un camafeo con el rostro de su padre, que se constituye en centro de toda la composición (Toledo, Museo de Santa Cruz).

IMG_1509.JPG

El esquema es el mismo que el de su retrato más conocido, en el que aparece acompañada de la enana Magdalena Ruiz (Museo Nacional del Prado). En adelante, muchos de sus retratos adoptaron la consabida pose hierática, que también se utilizó para otras mujeres de la familia en el siglo XVII.

IMG_1510.JPG

Puede decirse que el motivo del retrato femenino con retrato regio en miniatura nace en la corte castellana a finales de la década de 1550 y comienzos de la de 1560, en el círculo cortesano-artístico de Juana de Portugal, Isabel de Valois, Antonio Moro Sofonisba Anguissola y Sánchez Coello. Los retratos de la princesa Juana son una variante, quizá previa; la miniatura de su hermano o de su padre es solo un colgante, sujetado a veces con la mano. En la opinión de los especialistas, la pieza clave de toda esta serie es el retrato de Isabel de Valois mostrando el naipe al espectador, hoy en el Prado. Solo Anguissola había usado esa composición antes, en su retrato de Giulio Clovio de 1556 (Fondazione Federico Zeri, Mentana). En ambas obras, el o la modelo no mira al naipe en sus manos, sino al espectador, a quien también muestra el pequeño retrato. Habría sido la italiana quien propusiera ese. Detalle compositivo, favorablemente acogido por la reina Isabel como alusión a la confianza que Felipe II depositaba en su esposa, y retomado posteriormente por la infanta Isabel Clara Eugenia, tan cercana al rey, la reina, la princesa Juana y la propia pintora. Con todo, es evidente que no podemos presentar esta interpretación como una certeza, pues viene rodeada de demasiadas incertidumbres.

Fuentes:

http://cuadernodesofonisba.blogspot.com.es/

Retratos y retratadores por María Kusche.