Ayer hablabamos de su éxito en la corte Española y su posterior olvido. Hoy nos adretamos en sus “reatribuciones”.

El resultado, unido a la falta de firmas y de pagos en las cuentas reales, es que los retratos de sus años españoles han sido tradicionalmente atribuidos a otros pintores. Esto, que ha sido un problema muy grave y frecuente para las mujeres artistas, en el caso de las cortes de Felipe II y Felipe III afecta a muchas obras de casi todos los pintores cortesanos, constituyendo una problemática de difícil solución.

Un ejemplo paradigmático son sus posibles retratos de la época genovesa. Como ya se ha dicho anteriormente, desde 1581 hasta 1615 reside en Génova, nudo básico de comunicaciones entre los diferentes territorios bajo el dominio de la familia Habsburgo. Esa ubicación le permite mantener un estrecho contacto con la corte hispana y le facilita reencontrarse con las dos infantas a las que crió en España.

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Catalina Micaela de Austria

La menor, Catalina Micaela, casa en 1585 con Carlos Manuel I, duque de Saboya. De camino a Turín hace un alto en Savona, donde nos consta que acude Anguissola. Diversos especialistas le atribuyen la autoría del retrato de la ya duquesa, hoy en el Prado (Catalina Micaela de Austria, duquesa de Saboya, P1139), posible resultado de ese encuentro o de algún otro durante los primeros meses de residencia en Turín; otros, aun aceptando una fuerte influencia italiana, mantienen la atribución tradicional a Sánchez Coello, pero también menciona la atribución a Anguissola.

Más claro es el caso de un segundo retrato de la misma modelo, la tan famosa “dama del armiño” (Glasgow, Pollok House). Este fascinante retrato se venía atribuyendo por tradición al Greco, aunque en nada concuerda con su estilo. En 1986 Carmen Bernis argumentó, basándole en su indumentaria, que la obra debía datarse en la década de 1590 y que la modelo era la infanta Catalina Micaela, dado el gran parecido del rostro; amabs apreciaciones poco menos que imposibilitaban la atribución al Greco, cuyo estilo para esas fechas es muy distinto, así de que había perdido todo contacto con la corte mucho antes. Por su parte, María Kusche lo ha atribuido convincentemente a Anguissola por motivos estilísticos, además de por la facilidad con que pudo hacerlo, gracias a la proximidad geográfica con la duquesa durante la mencionada década. La evidente cercanía psicológica de la modelo, tan ajena al retrato oficial de corte, encajarán perfectamente con un retrato íntimo, pintado por quien haía sido su aya, además de maestra y dan de su madre. En cualquier caso, esta atribución sigue siendo objeto de un intenso debate.

Más dificultades ofrece el retrato de la infanta mayor, Isabel Clara Eugenia, depositado en la embajada española en París, pero perteneciente al Museo del Prado, el cual la identifica con Catalina Micaela y la atribuye a Sánchez Coello (P6184). Sabemos qu en le año 1599, recién casada con el archiduque Alberto, y de camino a su nuevo destino en calidad de gobernadores de Flandes, pasó por Génova. Consta que Anguissola estuvo con ella durante aquella sentaría y que aprovechó para pintar un retrato de la infanta. No existe un vínculo documental entre ese retrato y el que desde 1882 está en París, pero la técnica y el tratamiento del rostro son ciertamente muy afines a nuestra artista.

Podríamos proseguir con más ejemplos de atribuciones discutidas. Insistimos en que no es un problema limitado a Anguissola, sino que afecta a toda la retratísitca de corte de la época. Los desacuerdos entre especialistas provienen de la escasez documental -más acentuada en su caso-, que deja demasiado campo para atribuciones estilísticas en las que prima un marcado subjetivismo. Es necesario seguir investigando las fuentes documentales y contar también con estudios técnicos de laboratorio que permitan ir acotando, en lo posible, las autoría más probables.

Fuentes:

https://www.museodelprado.es

http://cuadernodesofonisba.blogspot.com.es