Los retratos de la reina Isabel de Valois en 1560 (copiado probablemente por Rubens en la colección particular de Toledo) y del principe don Carlos en 1567 (copiado por Sánchez Coello), ya comentados en la entrada Artista de compañía para la reina, son probablemente los mayores éxitos de Anguissola en la corte española y fuera de ella. Es desafortunado que estos dos retratos solo hayan llegado hasta nosostros a través de copias ajenas.

Con todo resulta innegable que tras unos pocos años en la corte, nuestra pintora alcanza el apogeo de su prestigio artístico. Si ya durante la deácada de 1550 hay algunos ecos literarios de su actividad artística, a partir de la de 1560 se multiplican y accceden a otro nivel, reseñando por igual el asombro de sus compatriotas ante su arte, pero también su éxito en la corte más poderosa del momento.

El estupor que causan sus obras se recoge en el temprano testimonio de Lomazzo, en sus Sueños, y poco después en el de Vasori, en la segunda edición de sus Vite. En ellas, si bien no le dedica una biografía independiente, sí le consagra un discurso dentro de la vida de la escultora boloñesa Properzia de’Rossi. Además, en el apartado dedicado a las biografías de Benvenuto Garofalo y Girolamo da Carpi, Vasari narra detalladamente su visita a la casa de los Anguissola en Cremona, y copia las dos cartas entre Anguissola y el papa Pío IV, al hilo del ya citado retrato de la reina. De ahí pasará a obras históricas posteriores, durante los siglos XVII y XVIII.

Cabe citar un último testigo de su trayectoria vital: el del joven Antón van Dock, quien, de viaje por Italia, visita Palermo y es presentado a una ancianísima Anguissola, en julio de 1624. El pintor queda asombrado por su lucidez y cortesía, a pesar de que la pérdida de visión le imposibilita pintar. Sin embargo, al emprender el retrato de la anciana, ella no se priva de darle muchos buenos consejos, por ejemplo, sobre cómo iluminar el rostro para disimular las arrugas; también le cuenta parte de su vida, “por la cual se conoció que era pintora del natural”, no solo de copias.

Esta abundancia de testimonios extranjeros contrasta en gran mediada con la escasez de referencias en España. Aquí, lo más explícito, es el comentario de Argote de Molina en 1582 al hilo del retrato de Isabel de Valois en la galería de retratos de El Pardo:

Doña Isabel reina de España, tercera mujer del Rey don Felipe nuestro señor […] de mano de Sophonisba, dama que trajo de Francia, excelentísima en retratar, sobre todos los Pintores de esta edad.

A pesar del error respecto a su país de origen, la cita sitúa a Anguissola ante todo como dama de la corte. Argote señala además que autora es una excelente retratista, la mejor de su época. Esta hipérbole tiene un doble significado, en su contexto. En cuanto a su calidad como retratista, en la galería la acompañaban retratos de los maestros más ilustres de la monarquía: Tiziano, Moro, Sánchez Coello. Y en cuanto a su condición femenina, la narración la sitúa como una excepción, dentro de su sexo: solo había un retrato pintado por una mujer, entre treinta y cinco pintados por los citados maestros y algunos otros, todos varones.

La cita de Argote es casi la única aportación histórica sobre Anguissola hecha por españoles contemporáneos a ella. De hecho, se puede hablar con fundamento de su oscurecimiento u olvido en España, siendo aquí donde más fácilmente podía haber obtenido mayor notoriedad. De una parte, los tratadistas españoles conservaron noticia de ella, pero siempre basándose en lo que hbía dicho Vasori. Es notable la confusión de Palomino, que menciona como dos artistas diferentes a Sofonisba Anguissola y a una miniaturista llamada Sofonisba Gentilesca, mezcla de neustra artista, que practicó la miniatura, y de Artemisa Gentileschi.

Por otro lado, aunque sus retratos no faltaban en las colecciones reales, el recuerdo de su autora se perdió rápidamente. Se han apuntado dos motivos para ello. En primer lugar, porque en España dejó de firmar sus cuadros, frente a lo que había hecho normalmente en Italia. En segundo lugar, porque Anguissola no cobraba estipendios por sus pinturas. Eso la habrás equiparado con un trabajador manual, cosa por debajo de su dignidad como aristócrata y dama de la reina. Ella recibía encargos, que se le retribuían informalmente, mediante regalos, joyas u objetos preciosos. En cualquier caso, en las cuentas de la casa real no quedaba constancia de pago alguno por sus pinturas, motivo por el cual su nombre resultaba invisible para quienes repasasen las nóminas de los pintores que trabajaban para la corona.

Anguissola parece insertarse en los engranajes de la retratística cortesana, pero en una posición muy especial. De un lado, trabaja en estrecha relación con los demás pintores de la corte. Por ejemplo, consta que en alguna ocasión obtiene sus pigmentos a través de Jorge de la Rúa, o que realiza alguna obra en colaboración con Sánchez Coello. Estos mismos copiaron por encargo cuadros originales de ella, como hacían con los de otros autores, y admeás pintaban obras propias. Conviene recordar aquí la realdiad histórica de la prodccuión de retratos en la Edad Moderna, que estaba basada en la copia sistemática, y a la que no podemos aplicar directametne nuestras categoráis de originalidad y creatividad artísticas. Por otro lado, la documetnación también demuestra que sí se concedía importancia a algunos autores, que se discernía la mano del maestro y la del taller, que ciertas auotrías se conservaban pro tradicón oral o escrita, y en cambio otras era nindiferentes y se perdían. Anguissola dio importancia a su condición de retratista “del natural”; por eso realizó pocas réplicas de sus propios cuadros, en comparación la práctica habitual entre los retratistas de corte.

Los retratos españoles de Anguissola son el resultado de varios aportes estilísticos: su propia formación lombarda, así como la influencia fundamental de Tiziano, Moro y del propio Sánchez Coello, que para 1560 ya habían conformado un estilo de retrato cortesan oque definirán la “imagen de marca” de los Habsburgo durante más de un siglo. A todo esto se añaden, de forma sutil, sus rasgos más personales: un gusto por el detalle narrativo dentro del retrato, una técnica suave, una ligera idealización de los rostros que no lega a renunciar al verismo fisinómico y una cercanía psicológica con los modelos. Como puede verse, son cuestiones de matiz, que no facilitan una individualización clara de su estilo, cosa que tampoco era importante dentro de la mecánica del retrato cortesano.

 

Bibliografía utilizada:

– “Maestros en la sombra”, capítulo dedicado a “Sofonisba Anguissola. Una mirada femenina en la corte”, SEBASTÍAN LOZANO JORGUE, Fundación Amigos Museo del Prado, Galaxia Gutenberg: Círculo de Lectores, p.185.